SEANTIENCE

Un documental sobre la sintiencia de los animales marinos

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En las profundidades del océano existe un mundo habitado por una inmensa diversidad de seres sintientes. ¿Sabías que animales como los peces, los pulpos, o incluso los cangrejos o las gambas pueden sentir y experimentar emociones? Es decir, son seres más complejos de lo que normalmente se piensa. En nuestro corto documental, elaborado en colaboración entre la Fundación Ética Animal y la Universidad de Santiago de Compostela, nos sumergimos en el concepto de sintiencia en animales marinos, entrevistando a destacadas personalidades del mundo de la ciencia y la filosofía como a:

– Eva Read y el profesor Jonathan Birch, del proyecto sobre los fundamentos de la sintiencia animal (ASENT), London School of Economics.

– Daniela R. Waldhorn, de Rethink Priorities y el Center for Animal Ethics, Universitat Pompeu Fabra.

– Mart R. Gross, profesor de Biología, University of Toronto.

– Oscar Horta, profesor de Filosofía Moral, Universidade de Santiago de Compostela.

La sintiencia, es decir, la capacidad de sufrir y disfrutar, es un tema crucial que nos invita a reflexionar sobre nuestra consideración hacia los animales acuáticos. ¿Son conscientes los peces de lo que les ocurre? Aunque a menudo pasan desapercibidos, numerosas evidencias científicas indican que sí pueden sentir dolor y experimentar estados mentales similares a los nuestros.

– Se ha observado que las truchas, por ejemplo, están dispuestas a someterse a cierto nivel de sufrimiento físico que normalmente evitarían con tal de socializar con otros peces, lo cual parece un indicador de que se trata de algo importante para ellas.(1)

 

(1) Dunlop, R.; Millsopp, S. & Laming, P. (2006) “Avoidance learning in goldfish (Carassius auratus) and trout (Oncorhynchus mykiss) and implications for pain perception”, Applied Animal Behaviour Science, 97, pp. 255-271.

 

– Cefalópodos como los pulpos, los calamares y las sepias muestran capacidad para aprender y recordar cosas, utilizar herramientas y hasta tener comportamientos lúdicos. También se han observado comportamientos de autocuidado y protección en estos animales. Por ejemplo, se han visto pulpos enroscando los brazos alrededor de una zona lesionada y a sepias evitando las pinzas de cangrejos después de haber sido pellizcadas por ellos.(2) 

– Animales invertebrados como las langostas tienen un sistema nervioso con receptores que detectan estímulos nocivos como calor extremo, choques o daño físico. Cuando se les hierve vivos, se mueven de manera frenética y tratan de escapar, lo cual es un indicador muy fiable de la existencia de sufrimiento. También se ha demostrado que las langostas que viven en ambientes enriquecidos con juguetes y compañía social muestran menos agresividad y estrés.

 

(2) Birch, J.; Burn, C. Schnell, A.; Browning, H. & Crump, A. (2021) Review of the evidence of sentience in cephalopod molluscs and decapod crustaceans, London: LSE Consulting [accessed on 23 March 2024]. Alupay, J. S.; Hadjisolomou, S. P. & Crook, R. J. (2014) “Arm injury produces long-term behavioral and neural hypersensitivity in octopus”, Neuroscience Letters, 558, pp. 137-142.

Sin embargo, a los seres humanos nos cuesta reconocer la capacidad para sufrir y disfrutar de los peces e invertebrados marinos. A menudo esto se debe a nuestra dificultad para identificarnos con ellos, dado que tienen una anatomía y un comportamiento muy diferentes a los de los humanos y otros mamíferos. Aun así, tenemos indicadores muy fiables de que son sintientes. Si es verdad que estos seres pueden sentir y sufrir, ¿no merecen también nuestro respeto y consideración?

A medida que exploramos estas cuestiones, surge el concepto de especismo, una forma de discriminación que privilegia a los animales de ciertas especies sobre otros. ¿Cómo podemos superar estos prejuicios y darnos cuenta de que lo importante para respetar a alguien es la sintiencia? La Declaración sobre la Consciencia de Cambridge de 2012 nos conduce a reconsiderar nuestra relación con los animales no humanos, incluidos los invertebrados.

El futuro de estos seres depende de nuestras acciones. Podemos optar por cambiar el paradigma, dejar de causarles daño y brindarles ayuda cuando la necesiten. Aunque queda mucho por investigar, ya podemos dar pasos concretos para evitar que muchos de ellos sufran. La responsabilidad recae en nuestras manos: es hora de actuar. Acompáñanos en esta travesía hacia un mundo submarino de comprensión y empatía.